Nuestros Cuentos

viernes, 23 de junio de 2017

Quiso Violar su Inocencia con la Lujuria de su Sonrisa

El muchacho, de unos dieciséis años apenas, alto, blanco y
Quemado por el sol, llegó al lugar característico de la ciudad donde las
Casas de vivos colores se inoculaban en la sangre, mientras en diferentes
Sitios, rockolas afónicas dejaban escapar de sus gargantas irritadas
melodías, que más que pulsadas por las yemas de los dedos,
habían sido pulsadas por Corazones destrozados; melodías donde la malquerida
se había ido con otro o el malquerido había sido encontrado por su mujer
bañándose con la mejor amiga.

Temeroso comenzó a andar casi a tientas en la claridad de la
Mañana, cuando creyó encontrar la casa buscada un sudor frío comenzó
A caerle en chorreras por las axilas, le sudaban las manos, la frente y
Por entre las piernas sentía una manada de gotas cayendo
Desesperadamente obedeciendo a la gravedad desbocadamente hacia
las gomas ya vencidas de las medias. Le temblaron las manos y con el
puño cerrado tocó la puerta marrón escarapelada. El ruido seco de la
madera se confundió con los latidos apresurados del corazón que quería
salírsele corriendo por la boca. El chirrido de las bisagras  se le metió
por los pies acomodándose en un rincón del pecho y poniéndole los
nervios engrinchados. Cuando se percató la tenia de frente, treintisiete
años con retazos de hermosura, embadurnada de tiempo, con la cabellera
en desorden y el rostro pincelado de belleza postera. Vestía un estraple
negro bondadoso que dejaba  al descubierto unos senos flácidos enfermos
de años y un short blanco ajustado, que más que cubrirla, ponía al
descubierto su pronunciado vientre y unas piernas con eco de lechinas.
Toda vampiresa se recostó en el quicio de la puerta observando al
muchacho con una mirada vaginal, con una sonrisa lujuriosa y con la
vulva entre los dientes.
---¡ Ay!, pero si estás tiernito---dijo ella---. Pasa Mi amor, pasa.

Tembloroso, fue directamente a una silla vieja de cuero donde

Se dejó caer con el peso de su miedo a cuesta.

--No señora, yo soló vine conocerla, quizás no me recuerde.

---¡Que va mi amor, son tantos lo que han pasado por aquí ! –le
Interrumpió ella.


---No señora, lo que pasa es que usted me parió hace dieciséis años…

William Torcátiz

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